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SINDROME
DE DOWN Y DEMENCIA
AUTORES:
Dr. José Luis Parajuá Pozo. Sección de Neurología.
Hospital Can Misses. Ibiza
Sara Casis Arguea. Psicóloga. Ibiza
INDICE
Introducción
Características Clínicas
Síndrome de Down y Demencia
Evaluación de la Demencia
Ultraestructura y Genética
Tratamiento
Bibliografía
INTRODUCCION
La trisomía 21, síndrome de Down
(SD), es la autosomopatía más frecuente. Su frecuencia es de 06-1/1000
de todos los nacidos. (1)
En el 90-95% la trisomía 21 es libre,
y en cerca del 95% de estos casos, el cromosoma extra es de origen
materno. Entre los errores maternos, casi el 75% son el resultado
de la no-disyunción de la primera división meiótica del oocito,
y un 25% de la no-disyunción en la segunda división meiótica del
oocito. La edad avanzada de la madre es un factor de riesgo conocido.
(2). La probabilidad de recurrencia del mongolismo en una pareja
con cariotipos normales es del 1-2%. La frecuencia aumentaría en
el caso de detectarse anomalías cromosómicas (translocaciones, mosaicismo).
Los historia del SD se inicia con
su descripción por el Dr. John Langdon Haydon Down, en 1866 (3).
Este médico ingles, influenciado por las teorías darwinianas, estableció
una teoría étnica de la enfermedad: el mongolismo sería un estado
regresivo en la evolución. Es en 1959 cuando Lejeune y colaboradores
comunican el hallazgo de la existencia de un cromosoma extra, que
adscriben al número 21, el más pequeño de los cromosomas humanos
(4).
CARACTERISTICAS
CLINICAS
El SD presenta unos rasgos fenotípicos
tan característicos que su diagnóstico puede realizarse con facilidad
en el periodo neonatal. Se han descrito hasta 300 rasgos diferentes
(5). Se debe recordar que ninguno es patognomónico, se presentan
en un grado variable y algunos son edad-dependientes. Unos son meros
rasgos físicos, sin ninguna repercusión fisiológica, pero otros
deben buscarse debido a que pueden provocar el fallecimiento si
no se corrigen, como las malformaciones cardiacas o LAS digestivas.
Los rasgos que aparecen en la edad adulta son las cataratas, la
pérdida de audición, el hipotiroidismo y el prolapso de la válvula
mitral (6). De forma constante se asocia a retraso mental. Los coeficientes
intelectuales superiores a 70 son excepcionales. La mayoría puntúan
entre 35 y 50 en la prueba de Wechsler de inteligencia. No existe
una correlación directa entre la expresividad fenotípica y la afectación
mental. La aparición de un deterioro intelectual en la edad adulta
debe obligar a descartar procesos tratables que son frecuentes en
el SD como pueden ser el hipotiroidismo, el síndrome de la apnea
del sueño, la depresión, o aquellos que causen deprivación sensitiva
visual o auditiva. El hipotiroidismo ocurre en un 20-30% de las
personas con SD, puede causar bradipsiquia y confusión. Los pacientes
con SD presentan numerosos problemas que predisponen a desarrollar
un síndrome de la apnea del sueño, como la obesidad, la hipotonía
u obstrucciones mecánicas o funcionales de las vías aéreas. Como
consecuencia puede aparecer trastornos conductuales y mal rendimiento
en las labores diurnas debido a la somnolencia. La depresión en
las personas adultas con SD mimetiza un cuadro demencial dado que
puede manifestarse con pérdida de memoria, trastornos adaptativos
y de relación previamente adquiridos. Las cataratas aparecen hasta
en un 46% de los casos. También son frecuentes los trastornos de
la audición. Se ha resaltado la dificultad en su diagnóstico, aumentada
por la falta habitual de quejas específicas por parte de los afectos
del SD.
SINDROME
DE DOWN Y DEMENCIA
La asociación de demencia y SD se
conoce desde los trabajos de Jervis en 1948 (7). Aunque se encuentran
hallazgos neuropatológicos similares a los de la EA en casi todos
los cerebros de pacientes con SD mayores de 40 años, la constatación
de deterioro neurológico en los adultos con SD es muy variable en
la literatura. Se piensa que está entre un 25-30%. Las discrepancias
pueden deberse a la dificultad en el diagnóstico, al existir un
retraso mental previo, que implica que las pruebas habituales utilizadas
para el despistaje de la demencia en personas sin SD no tengan valor.
Otros autores hablan del factor temporal: si persistiera el incremento
en la supervivencia, todas las personas con SD desarrollarían una
demencia. En caso de no ocurrir esto deberían buscarse otros factores
que incidirían en el riesgo genético conocido. En el SD se ha demostrado
un descenso en la densidad sináptica de la corteza sensitivomotora
entre las semanas 32 y 34 de gestación, así como una reducción de
las hendiduras pre y postsinápticas (8). Existe una anomalía en
el desarrollo dendrítico y una alteración en la expresión proteica
(9). Estas alteraciones afectarían a la transmisión sináptica que
podría ser la causante de las alteraciones cognitivas y motoras
de la enfermedad. La preexistencia de estas anomalías congénitas
unidas a las lesiones neuropatológicas similares a las de la EA
podría facilitar la aparición de un deterioro en edades medias en
las personas con SD. También se ha señalado la posible influencia
del envejecimiento como facilitador. El envejecimiento ocurre a
edades tempranas en el SD. A diferencia de la EA donde el envejecimiento
afecta a un cuerpo que por lo demás puede ser normal, en el SD hay
una afectación generalizada en todos los órganos. Estudios del cerebro
con Resonancia Magnética (RM) demuestran que en el SD se encuentran
frecuentemente tres marcadores de envejecimiento: atrofia, lesiones
en la sustancia blanca y hipointensidad de los ganglios basales
en T2. La atrofia se asocia con la existencia clara de demencia
pero no con un deterioro cognitivo leve. Los estudios de flujo cerebral
y de utilización regional de la glucosa se afectan a partir de los
45 años(10).
EVALUACION
DE LA DEMENCIA
Se reconocen cuatro factores que
limitan la aplicación a los deficientes mentales los criterios que
se aplican a la población general (11):
- Distorsión intelectual: la habilidad disminuida
para el pensamiento abstracto y a menudo para comunicarse de forma
clara provoca una dificultad en la obtención de los síntomas subjetivos
- Enmascaramiento psicosocial: La posesión de unas
habilidades sociales precarias asociadas a unas vivencias pobres
provoca unos cuadros sintomáticos monótonos
- Desintegración cognitiva: El mismo acto de la
entrevista clínica puede causar un estrés emocional que desencadene
una alteración psiquiátrica atípica
- Exageración del estado basal: Es difícil establecer
el comienzo de un nuevo trastorno cuando se manifiesta a partir
déficits cognitivos o conductas anómalas previas.
Las bases diagnósticas de un deterioro
intelectual han de valorar el lenguaje, el comportamiento y la memoria
auditiva y visual. Al ser habitual la existencia de una afectación
mental variable es importante conocer el punto de partida intelectual.
Se debe conocer el ambiente que rodea al paciente con SD, pues puede
actuar tanto como factor potenciador como enmascarador. En muchos
casos deberá recurrirse a los familiares o a los cuidadores, que
podrán indicar la aparición de trastornos conductuales o la pérdida
de habilidades previamente adquiridas y ejercitadas. La memoria
solo es posible valorarla en aquellos casos con una afectación leve.
Los cambios en el comportamiento son los más frecuentes y llamativos,
pueden adoptar la forma de apatía, irritabilidad o labilidad emocional.
El deterioro en el lenguaje o un trastorno de la marcha suelen aparecer
en las fases iniciales del deterioro. La precisión de incrementar
la asistencia habitual en las labores de la vida diaria (comer,
vestirse) serán las claves en los pacientes con grave afectación.
La edad media de inicio de la demencia se ha señalado en los 51
años. La prevalencia se incrementa con la edad (12). La aparición
de epilepsia a partir de los 40 años suele correlacionarse con signos
de demencia (13). Las crisis suelen ser generalizadas tonico-clónicas
y mioclonias. Las crisis generalizadas, lo que no ocurre con las
mioclonias, suelen responder bien a la medicación anticomicial,
habitualmente con marcados efectos sedantes incluso con niveles
dentro del rango terapéutico. Este mismo tipo de crisis, pero con
menor frecuencia, se ven en la EA (14).
Se ha sugerido que el subgrupo de
pacientes con EA y mioclonias tienen un comienzo más precoz de la
enfermedad. La existencia de mioclonias ha cobrado interés tras
la localización en el brazo largo del cromosoma 21 del gen de la
epilepsia mioclónica progresiva tipo Unverricht-Lundborg. Al igual
que ocurre en la EA, un grupo similar de pacientes con SD y demencia
presentan signos parkinsonianos del tipo acinético-rígido en la
exploración.
La valoración de las funciones basadas
en el lenguaje y en la audición requieren un importante grado de
cooperación y capacitación para realizar las tareas, que suelen
estar ausentes en las personas con SD.
Existe una buena revisión de todos
los estudios neuropsicológicos que han intentado aproximarse al
problema del deterioro intelectual en el SD (15). Los estudios que
han utilizado escalas conductuales indican un inicio del deterioro
más tardío que el que se obtiene de trabajos que estudian el funcionamiento
neuropsicológico directamente. De los trabajos realizados se deduce
que la aplicación de las pruebas habituales en la población normal
pueden no ser apropiadas en las personas con SD, dado que suelen
provocar el efecto "suelo".
ULTRAESTRUCTURA
Y GENETICA
Desde el punto de vista estructural,
el cerebro es de bajo peso y la atrofia es de distribución global,
con predominio en los lóbulos frontal y temporal. Neuropatológicamente,
se conoce la cronología de la aparición de los cambios en los cerebros
de los SD. Tan pronto como la segunda o tercera décadas es posible
detectar la presencia de la proteína amiloide beta/A4. Una década
después aparecen las placas neuríticas y ovillos neurofibrilares.
La distribución de estas lesiones y su neuroquímica es similar a
la descrita en la EA. La existencia de algunas diferencias morfológicas
en las placas neuríticas podría deberse al curso mas prolongado
de la demencia en el SD que en la EA. La proteína amiloide beta/A4
contenida en el núcleo de las placas es similar en ambas entidades.
El hecho de que las placas sean más grandes en el SD que en la Ea
podría indicar un aumento en la producción de la proteína amiloide
beta (16). Esta proteína procede de un precursor que es la proteína
precursora del amiloide (PPA). El gen de la PPA se encuentra en
el cromosoma 21, de ahí su interés en el SD. Este gen se ha descrito
únicamente en unas 20 familias con EA de comienzo temprano. Se han
identificado 6 mutaciones, todas ellas conllevan una penetrancia
total. El alelo APOE4 provoca una anticipación en la edad de aparición
de la enfermedad y aumenta el contenido en amiloide (17). Las placas
seniles son inmunorreactivas para el APOE en el SD a partir de los
25 años. Se considera que esta temprana detección conlleva una implicación
patogénica. Se ha implicado a los astrocitos en la formación de
las placas seniles, ya que ellos producen la APOE (18). De todas
las maneras se sabe que la relación con el gen de la PPA no es un
factor decisivo, ya que se encuentra en una zona del cromosoma que
no es básica para que se produzca el SD. Otras sustancias diferentes
a los neurotransmisores y cuyos niveles están alterados en ambas
entidades son las poliaminas, las cuales participan tanto en el
desarrollo cerebral como en situaciones degenerativas (19).
TRATAMIENTO
En la actualidad, el tratamiento
es sintomático. El médico que trata pacientes con SD debe de hacer
controles periódicos que evalúen las anomalías que son edad-dependientes
y aquellas como las apneas del sueño o el hipotiroidismo que pueden
aparecer en cualquier momento. Se debe recordar la alta sensibilidad
a los fármacos anticomiciales clásicos, que pueden ocasionar una
sedación excesiva a dosis terapéuticas. Por último, queda por establecer
sí la utilidad de las terapias recientemente aprobadas en el tratamiento
cognitivo de la EA, puede ser aplicada en el SD.
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